Cinco días para decir sí

jun 27th, 2012 | By | Category: Vaticano

«Era junio de 2009: llamé a mi amigo Carlo Ancelotti que había firmado con el
Chelsea y me ofrecí como profesor de inglés» recuerda Greg Burke con una amplia
sonrisa. Evidentemente después algo se torció, y el corresponsal desde el
Vaticano y desde Italia del canal Fox News permaneció firme en su puesto.
Al menos por algunos años todavía: de hecho, ni siquiera hace un mes, Burke
—de cincuenta y dos años y de Misuri— recibió una llamada telefónica casi
histórica. Por lo demás, que el relato y la comunicación estaban de algún modo
en su ADN se comprendió muy pronto: en realidad, no puede tratarse de una
casualidad que el nuevo asesor de comunicación de la Secretaría de Estado haya
empezado a hablar cuando los Estados Unidos eligieron a su primer presidente
católico.

Greg
Burke nació el 8 de noviembre de 1959 en Saint Louis, en un barrio
irlandés-alemán y en una familia católica practicante; y estudió en uno de los
institutos de los jesuitas de la ciudad, antes de licenciarse en literatura
comparada en la Universidad de Columbia. Son los años en que conoce y entra en
el Opus Dei (en el que después se integra como miembro numerario), uno de los
puntos firmes de una vida profesional que lo llevaría muy pronto a cambiar
muchos trabajos alrededor del mundo.  «Estaba muy interesado en la carrera, pero
también en la dimensión espiritual» nos cuenta.
Se especializó en periodismo, empezó de cero: primero la crónica de sucesos
para un pequeño diario neoyorquino, después el trabajo extenuante en la  «United
Press International» en Chicago: «tenía turno de noche, y aquello no era vida».
Desde allí —además de experiencias para «Reuters» y el semanario «Metropolitan»
(«para el cual, entre otras cosas, conté la jornada tipo de los speedy boys»)—
el gran salto: el corresponsal desembarca en Roma, enviado por el semanario
«National Catholic Register».
Paradójicamente desde entonces Burke —aun saltando de un avión al otro— no ha
dejado nunca más Roma, ciudad que lo impresionó quizá aún más de cuanto él mismo
quiere admitir (entre otras cosas es un aficionado declarado de la Roma). Burke
fue primero colaborador durante cuatro años de «Time», y después de 1994 se
convirtió en su corresponsal fijo. Es, entre otras cosas, el año en que el
semanal nombrará “Hombre del año” a Juan Pablo II. De aquellos días Burke
recuerda en particular la emoción de la visita al reclinatorio del Papa. «El
secretario me invitó a levantar la cubierta: debajo estaban todas las
intenciones de oración de Wojtyła, peticiones de intercesiones de todas las
partes del mundo. Los fieles del planeta confluían allí, en la meditación del
Pontífice».
Después del periodismo de agencia y el del papel impreso llegó —con el 11 de
septiembre— el tiempo del televisivo para Fox News: «una paradoja, yo que en el
fondo despreciaba un poco aquel mundo». Aquella misma sonrisa con la que Burke
cuenta su recorrido profesional, la infunde también en la descripción «de la
esperanza y la alegría que vienen de la fe»: la pregunta de si su catolicidad
entró alguna vez en conflicto con los periódicos laicos para los que trabajó se
da por descontada. Sacude la cabeza: no surgieron problemas ni siquiera en los
momentos más críticos, responde; «pienso por ejemplo en el escándalo de los
abusos de menores por parte de sacerdotes de la archidiócesis de Boston: yo hice
mi trabajo quedando siempre en la mitad del camino». La corrección ha sido
recíproca, el único «choque cultural lo tuve con “Time” en el tiempo de la
conferencia sobre la población de El Cairo».
       La propuesta por la que hoy Greg Burke está en el centro de la
atención llegó a finales de mayo de 2012, «ofrecida primero de una forma no
demasiado clara, formalizada después el 4 de junio: y el 5 de junio yo dije no,
gracias». Por un lado, ciertamente, es un gran reto profesional, pero por otro,
«un trabajo que me gustaba muchísimo, una emisora en crecimiento, un camino
estimulante delante de mí». Sin embargo, después, aquel rechazo se convirtió en
una duda  y al final —el 10 de junio— fue un «sí». De este modo, este periodista
americano que aúna el entusiasmo de su gran país, la complejidad católica y la
luminosidad romana (desde hace algunas semanas es ciudadano italiano), asume un
papel nuevo en un ambiente en donde  prelados americanos se han ocupado a menudo
de los medios de comunicación. Basta pensar en el largo servicio de los
arzobispos presidentes del organismo que se encarga de las comunicaciones
sociales vaticanas —Martin John O’Connor, Edward Louis Heston y John Patrick
Foley— de 1948 a 2007.
¿Aceptó la propuesta atraído por el nuevo reto profesional o porque sintió
una responsabilidad en calidad de creyente? «Al cincuenta por ciento» responde,
y aquí la sonrisa se hace más profunda y meditada. «En mi vida profesional me he
encontrado dos veces, un poco por casualidad y un poco por suerte, en el lugar
adecuado en el momento preciso», como en 1994 para «Time» y en 2001 para Fox.
«Esta vez siento que es lo mismo, pero que al mismo tiempo es distinto». Burke
sonríe, pero, escuchándolo, no cabe duda de que es consciente de la
responsabilidad y del significado de su nuevo cometido. «Sé lo que piensan los
periodistas, sé cuál podrá ser la reacción ante un determinado hecho, porque
conozco bien cómo funciona el mecanismo de la información»: este es el equipaje
que llevará sentándose en su nuevo despacho. Ninguna ínfula de salvador: hay que
dar «pequeños pasos en la dirección correcta». El mensaje es: el reto fascinante
es comunicarlo.
Giulia Galeotti…

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