699º aniversario de la muerte de Jaques de Molay

Mar 18th, 2013 | By admin | Category: Noticias Templarias, Portada

Último Gran Maestre de la Orden del Temple

VoxTempli – 180313.- El proceso a los Templarios es una página de la historia medieval que admite agudas polémicas. Un enfoque lo sustentan los historiadores consagrados a proclamar la inocencia de los monjes soldados y a ensalzar sus virtudes, ya que el templario vino a representar la sublimación del Caballero medieval. Su ejemplar vida castrense, concretadas en heroicas actuaciones bélicas en los teatros de operaciones donde actuó y el contrapunto de su vida monacal, fueron ensalzados por San Bernardo, en un canto a los Caballeros de Cristo, que acrisolaban una adecuada imagen al espíritu de la Orden y cuya praxis desarrollaron sus miembros, con una fidelidad absoluta a sus Reglas. Diametralmente opuesto al que se quiso vender desde de la corte parisina.

El proceso no puede analizarse como un hecho aislado desgajado de su entorno, sino que requiere ser estudiado en su contexto histórico económico-político y religioso. La animadversión contra la Orden se encontraba aletargada en ciertos círculos cortesanos y eclesiásticos, que los contemplaban como orgullosos. Felipe El Hermoso sin embargo, fue el principal artífice de la red de acusaciones vertidas en el proceso. Durante su reinado colisionaron la teocracia y la idea de Estado, las pretensiones independentistas del monarca francés, frente a la concepción universalista de la Iglesia. Al trasladar Clemente V la corte pontificia a Avignon, triunfó la idea estatal del monarca, dejando al Papado inerme frente a la realeza, lo mismo que a las Ordenes Militares.

El proceso no es un proceso criminal ordinario, sino político, siguiendo el procedimiento de excepción de la Inquisición. No pretende descubrir la verdad, sino convertir en culpable a un sospechoso. El ataque contra el Temple, debe situarse en el contexto de un problema de poder y de medios: ajustar cuentas al papado y apoderarse de los bienes del Temple. El Temple estaba en el centro de ambos problemas.

La Orden no representa en Francia un peligro militar, a diferencia de lo que sucede en España. El problema parece más de carácter político. El rey francés, Felipe el Hermoso, Jaime II, Eduardo I y Eduardo II, adoptaron frente al Temple y Hospital, la misma política: reducir sus privilegios.

Como consecuencia de los fracasos en Tierra Santa, las Ordenes se mantienen a la defensiva. Los reyes tienen litigios con el Papado, por diversos motivos. Las Ordenes son poderosas e independientes del poder real, supeditadas sólo a la autoridad del Papa. El rey francés, lo mismo que los monarcas inglés y español, comprenden la necesidad de debilitar en sus reinos la influencia de las Ordenes Militares. En lugar de reforzar a una, eliminando a la otra, prefieren crear una nueva Orden sobre las ruinas del Temple.

Jaime II, intenta crearla basándose en las Ordenes Nacionales Ibéricas, mientras que Felipe, desea una orden que él pueda controlar.

Las Ordenes Militares Internacionales, eran un obstáculo para el desarrollo de las monarquías centralizadas y por ello, consideraba que debían desaparecer. La eliminación del Temple venía a ser la primera etapa, ya que en el ánimo del rey francés, gravitaba el deseo de eliminar posteriormente al Hospital.

La tortura formaba parte del arsenal de la justicia, en los procedimientos judiciales del Medievo. En Francia, Navarra, Provenza y Nápoles y en los Estados Pontificios, se aplica y los templarios confiesan, mientras que en la Península Ibérica, Italia septentrional, Alemania e Inglaterra, al no aplicarse no confiesan. La tortura del S. XIII, procede de la Inquisición (1235) y se aplicaba para combatir la herejía a cargo de las Ordenes Mendicantes, Franciscanos y Dominicos. Inocencio IV, prevé la tortura como medio de obtener la verdad, determina su uso y matiza su empleo. Clemente V en 1265, confirma la Bula de 1252 Ad Extirpendam y ordena su aplicación. La tortura establece un lazo, entre el inquisidor y el torturado. Entre los templarios torturados que confesaron enormidades, muchos se habrían comportado heroicamente en los muros de Acre, Safed, Ruad y Trípoli. Eran guerreros formados para combatir al infiel y preparados para un tipo de sacrificio. Los musulmanes no perdían el tiempo torturando, les cortaban ritualmente el cuello.

En el proceso la Orden estaba predestinada por envidias del rey, clero, nobleza y del parlamento. Habían mantenido relaciones con el rey, de poder a poder, de acreedor a deudor, le habían protegido en diversas ocasiones, lo que hacía que el monarca se sitiera humillado; habían profesado un internacionalismo (federalismo o sinarquía). Destruyendo la Orden del Temple, Felipe el Hermoso afirmaba la tendencia al absolutismo, al poder totalitario que frente a él, había manifestado Federico II de Hohenstanfen. Fue el primer paso en un camino que, seguirán todos los que transformarán el poder real, en poder monárquico: asegurarse el poder espiritual.

Es el mismo gesto que el de Francisco I, al atribuirse por el concordato de 1516, la nominación de los obispos y de los abates en el reino, o el de Luis XIV, cuando revoca el edicto de Nantes, o cuando ordenaba tomar Avignon, a fin de intimidar al Papa Inocencio XI. La supresión de la Orden del Temple, no deja de anunciar, aunque empleando diferentes métodos, la de los jesuitas, a fines del S. XVIII.

Dado su poderío económico-militar, la única forma de eliminación posible, era por medio de la calumnia. El plan urdido consistió en separar la Orden del poder espiritual, alienándola de todos los cristianos; buscar la participación del Papa para asegurar la adhesión de los Reyes y conseguir la disolución de la Orden, proponer la fusión con la Hospitalaria, para eliminar la independencia templaria, al nombrar Gran Maestre al hermano del rey de Francia, Felipe el Hermoso, debilitar su poderío económico-militar al controlarlo el propio monarca, evitar una confrontación guerrera que no prosperaría, dado el potencial bélico de la Orden Templaria. El medio que emplearon fue la imputación de herejía, sodomía y crímenes contra la Iglesia.

En un alarde de eficacia policial, se llevó a cabo la detención, realizada el mismo día y a la misma hora en todas las encomiendas francesas, operación minuciosamente preparada un mes antes, alertando en sobres cerrados y totalmente reservados a las autoridades que debían ejecutarla. El Papa, en lugar de averiguar si realmente eran herejes y en este caso excomulgarles y ponerlos a disposición de la autoridad temporal para ejecutar la sentencia, pone a merced del rey a los templarios. Para doblegar voluntades y arrancar confesiones, se aplica el tormento. Los presidentes de los Concilios Provinciales eran adictos e incondicionales al Rey; los interrogatorios escritos se realizaron en la prisión. La Orden es condenada sin escuchar la defensa, con el veto de Aragón y Cataluña. La Sentencia es disolutoria de la Orden (Concilio Ecuménico de Vienne en 1312), condenatoria de las altas dignidades de la Orden (a morir en la hoguera a éstos y a los caballeros relapsos) y confiscatoria de bienes con destino a la Orden Hospitalaria.

El Rey obró impulsado por la envidia, codicia y despecho, al sentirse humillado; el Papa actuó por servilismo, debilidad y temor a un nuevo cisma; Nogaret procedió por ambición desmesurada y deseo de conseguir prebendas reales, los juristas se mostraron deshonestos y malos consejeros, la opinión pública no reaccionó y aceptó pacíficamente el veredicto.

BIOGRAFÍA DE JACQUES DE MOLAY

Lo más extraño de esta familia es que no se encuentran rastros de sus orígenes. Es posible que algún hecho acaecido con anterioridad, teniendo por protagonista a alguno de sus miembros, hiciese que se tratase de borrar todo. Algunos estudiosos nobiliarios incluyen a Molay en la genealogía de Lonvy, al ser Molay una población del Señorío de Rahon, propiedad del padre de Jacques de Molay, que fue el último Gran Maestre de la Orden del Temple.

De la familia Molay solo se conoce a Juana Bacon, Dama de Molay en 1371. Dicho territorio pasó a la casa Choiseul con motivo de los enlaces con la nobleza de Borgoña.

Jacques Bernard de Molay nació en Borgoña por el año 1240, hijo de Juan, Señor de Lonvy, heredero de Mathe y Señor de Rahon, gran población cerca de Dole de la cual dependían muchas otras, pero principalmente Molay, y esta era una parroquia de la Diócesis de Besanzon, en el Deanato de Nenblans.

Entró en la Orden del Temple en 1265, recibiéndole Fr. Imbert de Perand, visitador de Francia y del Portu, en la capilla del Temple de la residencia de Belna.

Fue padrino de bautismo de uno de los hijos del rey francés, Felipe el Hermoso, que con el tiempo debía ser el delator, perseguidor y verdugo de la Orden y de este Gran Maestre.

Pasó a Ultramar donde dio pruebas de intrepidez y energía, mostrando relevantes cualidades bajo las ordenes del Gran Maestre Fr. Guillermo de Beaujeau, que murió heroicamente defendiendo Acre con casi la mayor parte de los templarios que combatían a su lado.

Tras la muerte del Gran Maestre Tibald Gaudin, Jacques de Molay fue elegido Gran Maestre, aunque en el momento de su elección se encontraba fuera de Chipre desempeñando una comisión extraordinaria.

No tardó mucho el nuevo Gran Maestre en corresponder a las esperanzas depositadas en él por los templarios que lo habían elegido, mostrándose digno del cargo que le habían confiando. Reorganizó y reforzó la Orden con prudencia y acierto para acometer nuevas empresas en Tierra Santa, capitaneando las expediciones contra los musulmanes de 1293 y 1305, logrando entrar en Jerusalem en el año 1298 y derrotando al Sultán de Egipto, Malej Nacer, en 1299 cerca de la ciudad de Emesa. En 1300 organizó una incursión contra Alejandría y estuvo a punto de recuperar la ciudad de Torsota, en la costa Siria, para la cristiandad.

Al contrario de lo que le tildan de débil, supo defender a ultranza, lo que fue uno de los motivos para acabar con la Orden y sucumbir con ella, la independencia de la Orden del Temple del resto de las órdenes militares y del cada día más poderoso poder de las monarquías absolutas europeas.

Sirvan estas líneas como homenaje a todos los caballeros templarios que dieron su vida por la Cristiandad, a la espera de que no dentro de muchos años sean totalmente rehabilitados y devuelto el honmotr a la Orden del Temple.

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