Indignación generalizada ante los fraudes en nombre de la Orden del Temple

ago 13th, 2013 | By | Category: Órdenes, Portada

Falsos reconocimientos del Vaticano y ostentación de títulos inexistentes son algunos de los fraudes más comunes utilizados por grupos neotemplarios en su competición por atraer adeptos hacia sus filas, y que más daño hacen para la credibilidad de otros grupos que buscan en el trabajo y la implicación con los problemas reales de la sociedad una forma de revitalizar los valores templarios.

VoxTempli 130813.- Hace pocos días saltaba a las redes sociales una noticia donde el responsable de una organización neotemplaria sudamericana felicitaba a su homólogo en la Federación Rusa por haber recibido, del propio Francisco, el título de “Barón de la Santa sede”.

La nota, cuyo contenido ha sido duramente criticada por otros colectivos templarios contrarios a estas políticas carentes de veracidad y que no dudan en calificar ser las culpables del actual desprestigio de todas las organizaciones neotemplarias, llegaba a afirmar que la supuesta concesión de este título de la nobleza vaticana a un neotemplario era un “reconocimiento” explícito a su rama neotemplaria por parte de la Santa Sede.

Algunos de estos colectivos se han dirigido a las autoridades vaticanas para recabar información al respecto, que les han negado la existencia de este título y su concesión, y mucho menos que la haya entregado el propio Papa. Han asegurado que cualquier concesión de distinciones del Vaticano a una persona que perteneciese a alguna organización neotemplaria se haría “siempre” a esa persona, a título personal, y por los motivos que la Santa Sede estimase oportunos para su concesión, los cuales están perfectamente reglamentados, y que nunca supondría otra cosa que el reconocimiento a la persona que se le otorga la distinción, nunca a las organizaciones que perteneciese o pudiese pertenecer.

CONTRIBUYENDO AL DESPRESTIGIO

Acciones de este tipo tiran por la borda el trabajo serio y callado que otras muchas organizaciones neotemplarias llevan a cabo para rehabilitar el buen nombre de la Orden del Temple y restablecer el honor de sus caballeros, falsamente acusados de toda clase de tropelías, repudiados y muchos de ellos asesinados.

Y es que mientras algunos todavía se empeñan en centrar su acción de captación de nuevos adeptos haciendo uso de atractivos “cebos” basados en ostentosos títulos nobiliarios de casas reales inexistentes en la actualidad o de reconocimientos oficiales de la Santa Sede que se volatilizan como el humo en cuanto se pregunta por los mismos a fuentes vaticanas; otras organizaciones neotemplarias centran sus esfuerzos para nutrir sus filas con políticas de trabajo y acción solidaria que demuestren que el espíritu de la antigua Orden del Temple sigue vivo y puede ser valido en la actualidad.

POR SI EXISTIESE DUDA SOBRE RECONOCIMIENTOS DE ÓRDENES, HASTA LA SANTA SEDE CONFIRMABA EN SU COMUNICADO DE OCTUBRE DEL AÑO PASADO QUE NI LAS ÓRDENES VINCULADAS A LA CORONA ESPAÑOLA, SANTIAGO, CALATRAVA, MONTESA Y ALCÁNTARA, TIENEN RECONOCIMIENTO

Y es que la Secretaría de Estado del Vaticano difundió un comunicado oficial el 16 de octubre de 2012 para confirmar el listado de Órdenes de Caballería reconocidas y tuteladas por la Santa Sede. Entre ellas no se encontraban las órdenes vinculadas a la corona española, que hasta la proclamación de la república si lo fueron.

Hablamos de las Órdenes de Santiago, Calatrava, Montesa y Alcántara. S.M. el rey Don Juan Carlos, cuando llegó al trono, mantuvo una reunión con el Papa durante la que intentó que volvieran a ser reconocidas por el Vaticano. Actualmente, continúan sin serlo.

Según las palabras del edicto, las únicas órdenes reconocidas y tuteladas por la Santa Sede son:

–La Suprema Orden de Cristo.

–La Orden de la Espuela de Oro.

–La Orden Piana.

–La Orden de San Gregorio Magno.

–La Orden de San Silvestre Papa.

–La Soberana Orden Militar de Malta.

–La Orden de Caballería del Santo Sepulcro de Jerusalén.

(Lea aquí el comunicado emitido por la Santa Sede, con fecha 16 de octubre de 2012).

La publicación Monarquía Confidencial llegó a consultar con José Luis Sampedro Escolar, Vicepresidente de la Asociación de Diplomados en Genealogía, Heráldica y Nobiliaria. Esta es su opinión al respecto:

“El comunicado hecho público de manera oficial por la Santa Sede y que reproducimos íntegramente significa que el Papado y sus organismos no se pronuncian respecto a las disputas habidas entre personas que aspiran a la Jefatura o Soberanía de órdenes dinásticas, de caballería o supuestamente nobiliario-religiosas existentes, cuyos distintos pretendientes alegan los apoyos recibidos de ciertos Cardenales o prelados para hacer ver un evanescente apoyo Pontificio a sus tesis.

La Orden de los Santos Mauricio y Lázaro, cuya Jefatura discuten los Príncipes Amadeo y Víctor Manuel de Saboya puede ser un ejemplo de lo dicho o, de manera muy similar, las afirmaciones que de manera repetida formulan los seguidores del titulado Duque de Castro frente a quienes defendemos que la legítima Soberanía de la Orden Constantiniana de San Jorge la ostenta S.A.R. el Infante Don Carlos, Duque de Calabria.

Situación diferente es la de las Antiguas Órdenes Medievales vinculadas a la Corona española (Santiago, Calatrava, Montesa y Alcántara) que en la actualidad se amparan en el ordenamiento jurídico civil del Reino de España sin que la Santa sede se entienda vinculada a las mismas desde 1931, tal y como, implícitamente, se dice en el comunicado reproducido, sin que ello obste para que, bajo fórmulas adaptadas al momento presente, gocen del favor y el patrocinio de S. M el Rey y de SS.AA.RR. el Príncipe de Asturias y el Infante Don Carlos”.

Aparte están, claro, todas las órdenes de fantasía que se presentan ante sus “víctimas” como legítimamente avaladas por la Santa Iglesia, utilizando, a veces, arteros argumentos para demostrar su filiación legítima y continuidad con instituciones históricas hoy desaparecidas o que han cambiado de personificación jurídica, ninguna de las cuales puede, por tanto, señalar que sea reconocida por el Sumo Pontífice o cualquier instancia legitimadora de la Santa Sede”.

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