El corazón templario de Alfonso X el Sabio

feb 26th, 2016 | By | Category: Orden del Temple, Portada

Un emocionante capítulo de nuestra historia fruto del trabajo de investigación de Santiago Soler Seguí, que nos permite descubrir una faceta no muy conocida de de Alfonso X de Castilla, Alfonso X el Sabio como admirador del Temple, que en su testamento dejaba escrito que encomendaba a esta Orden que su corazón fuese enterrado en Jerusalem. El 4 de abril del año 1284 el rey fallecía en la ciudad de Sevilla y desgraciadamente el deseo real no pudo materializarse pues el Temple fue salvajemente perseguido años después por otro monarca, en este caso francés, y su corazón reposa en Murcia, aunque seguro que su espíritu está, junto a la de otros grandes hombres, en la ciudad tres veces santa y cuna de la Orden del Temple.

Alfonso X de Castilla, llamado "el Sabio" nació en Toledo el 23 de noviembre de 1221 y falleció en Sevilla el 4 de abril de 1284 y como buen cruzado deseó que su corazón reposase en Jerusalem.

Alfonso X de Castilla, llamado “el Sabio” nació en Toledo el 23 de noviembre de 1221 y falleció en Sevilla el 4 de abril de 1284 y como buen cruzado deseó que su corazón reposase en Jerusalem.

Santiago Soler Seguí – El Correo de Extremadura – 260216.- Poco podemos contar de este monarca que no esté ya escrito. Primogénito de Fernando III el Santo, subió al trono en el año 1252. Pero ya siendo infante mostró su casta y su temple, participando activamente en la conquista de Murcia.

Casado con doña Violante, hija del rey Jaime I el Conquistador, jugó un papel importantísimo en la reconquista, ganando importantes plazas para la cristiandad, como Niebla, Lebrija, Jerez o Cádiz. Pero no solo es destacable el papel militar de este monarca.

El Espéculo, las Siete Partidas, el Fuero Real de Castilla, las Tablas Alfonsíes, la Grande e General Estoria, Estoria de España, El Libro de los Juegos, El Lapidario…, las Cantigas de Santa María… qué auténtica maravilla. Alfonso X fue un auténtico Sabio, con mayúsculas.

Como decía antes, todo está escrito sobre este monarca. Todo, incluso esta curiosa historia que ahora voy a contar, y que tanto le sorprendió a una buena amiga, amiga que  me animó a escribir este pequeño  artículo en memoria de el rey Sabio, de su vida, de su muerte, y sobre todo, de su Corazón, también con mayúsculas. ¿Por qué no?

Con apenas cuarenta años cumplidos, Alfonso X decidió que la iglesia de Santa Cruz de Cádiz, iglesia que él mismo había mandado construir, sería la morada que albergaría su cuerpo cuando su alma abandonara esta vida terrenal. Sin embargo, no fue así.

En ninguno de los dos testamentos que dejó escritos el rey Sabio en Sevilla (el 8 de noviembre de 1283, y el 22 de enero de 1284), pidió que su cuerpo fuera enterrado en Cádiz.

Por el contrario, Alfonso X el Sabio dejo a elección de sus  albaceas, a los que llama cabezaleros en su testamento, el lugar donde deberían reposar sus restos: La Catedral de Sevilla, o el Monasterio de Santa María la Real en Murcia.

“Y si quiseren que sea allí donde está enterrado el Rey Don Fernando, y la Reyna Doña Beaztriz yace, que hagan en tal manera que la nuestra cabeza tengamos a los pies de ambos a dos, y de guisa, que la sepultura sea llana; de quisa, que cuando el Capellán metiere a decir la oracion sobre ellos y sobre Nos, que los pies tenga sobre la sepoltura.”

Y así fue como sus albaceas decidieron que fuera enterrad, en la Catedral de Sevilla.

Sin embargo, su testamento nos deja otras sorpresas. Alfonso X el Sabio, decidió que sus entrañas fueran enterradas en Murcia, en el Monasterio de Santa María la Real. Hoy en día se encuentran custodiadas en la Catedral de esta ciudad, en una preciosa urna de piedra, donde se lee lo siguiente…

“AQUI ESTAN LAS ENTRAÑAS DEL SEÑOR REY DON ALONSO X, EL QUAL MURIENDO EN SEVILLA POR LA GRAN LEALTAD CON QUE ESTA CIBDAT DE MURCIA LE SIRVIO EN SUS ADVERSIDADES LAS MANDO SEPULTAR EN ELLA”.

… junto a su corazón…

Don Alfonso, tenía más que claro donde debía reposar su corazón, y tenía más que claro quienes debían cumplir su última voluntad:

“E otrosi mandamos, que luego que muriéremos, que nos saquen el corazón, y lo lleven á la Santa Tierra de Ultramar, y que lo sotierren en Jerusalén en Monte Calvario, alli donde yacen algunos de nuestros abuelos: y si llevar non lo pudieren, que lo pongan en algún lugar donde esté hasta que Dios quiera que la tierra se gane, y se pueda llevar en salvo. Esto tenemos por bien, y mandamos que haga Don Fray Juan, y los que tuvieren voz del Maestre el Temple en los Reynos de Castilla, y de León, y de Portugal: porque nos ha conocido del nuestro Señorío, y tovo con nusco al tiempo que todos los Maestres de todas las otras Ordenes nos desconocieron. Y mandamos á este Cavallero las ropas de nuestro cuerpo, y de todas las nuestras camas que traemos de nuestro guisamiento, y demás mil marcos de plata para dar en Capellanías donde canten Capellanes Misa cada dia siempre por nuestras almas en el sepulcro quando Dios quisiere que lo hayan Christianos, ó en aquel lugar donde estuviere nuestro corazón.

Y porque el Maestre, y los Freyles de la Orden del Temple han por costumbre de traer quales armas quieren, rogamos á este Maestre que agora es, y será de aqui adelante, que traigan ellos toda via por sus cuerpos estas mismas señales que le embié, lo uno por honra de la su Orden , y lo al, porque entiendan, que es nuestra voluntad , y que nos hagan este amor señaladamente por el otro que nos le hicimos qvando ganamos el Reyno de Murcia que heredamos á esta Orden mayor que las otras cosas”.

El apoyo prestado por  Gómez García (comendador de la Orden del Temple en Castilla) al futuro Sancho IV, hijo del Sabio, en la lucha intestina que mantenían por el poder, irritó en sobre manera a Alfonso X, llegando a decir de la Orden que:

 ” por derecho havía perdido quanto havía en míos regnos, e fincaba en mí por la razón sobredicha”

Sin embargo todo cambió con la llegada desde Palestina de frey Juan Fernández, maestre provincial del Temple, quien censuraba la actuación del comendador Gómez García, y prometía defender hasta la muerte a su rey, Alfonso X.

En que alta estima debía de tener el rey a estos sacrificados monjes guerreros. Con tan solo la promesa de fidelidad por parte de  frey Juan, Don Alfonso olvidaba la afrenta recibida, restauraba a los templarios las posesiones arrebatadas, y les hacía guardianes y custodios de su bien más preciado. Su corazón, su alma, su espíritu.

Antes de recibir sepultura en Sevilla, el corazón de Alfonso X fue extraído. Así nos lo cuenta el doctor Juan Delgado Roig en su ”Examen médico legal de unos restos históricos. Los cadáveres de Alfonso el Sabio y de doña Beatriz de Suabia”:

 “En el tórax pudimos comprobar un corte quirúrgico de la 3ª,  4ª, 5ª y 6ª costillas del hemitórax izquierdo, como a unos cuatro centímetros de la inserción vertebral, y otro corte paralelo al anterior en el mismo hemitórax, que llega a unos tres centímetros por fuera del esternón. Estos dos cortes paralelos, rectos y de traza limpia, como de haber sido ejecutados con una cizalla o tijera anatómica, sirvieron seguramente para poder extraer el corazón y alguna otra víscera del cadáver real”.

¿Pero que ocurrió con el corazón del rey Sabio?, ¿Quien trasladó la parte más preciada y simbólica del rey a Murcia?

A la vista está que el maestre templario no tuvo opción de llevar el alma y espíritu de Don Alfonso a Tierra Santa. La Orden fue masacrada pocos años después por la codicia y perfidia de Felipe el Hermoso, rey de Francia.

¿Quién trasladó pues el corazón a Murcia?

Si estudiamos detenidamente la documentación existente, hay un nombre que puede tener el honor de atribuirse el traslado del corazón del Sabio de Sevilla a Murcia: García Jofré, Copero mayor del rey.

García Jofré, quien siempre contó con la confianza de Don Alfonso, partió de Sevilla poco después de la muerte del rey, fijando su residencia en Murcia, donde llegaba el 27 de julio de 1284.

García Jofré, quien estuvo presente en los dos testamentos, fue nombrado poco después de la muerte del rey Adelantado Mayor del Reino de Murcia… quizás con el objetivo de portar el corazón del rey…

Es una lástima que finalmente los templarios no pudieran cumplir la voluntad de Alfonso X el Sabio y portar su corazón, su alma, y su espíritu a Tierra Santa. De haber sido así… ¿Qué más podríamos pedir?

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