Jurar el cargo ante el Crucifijo y la Biblia, ¿y por qué no?

nov 2nd, 2016 | By | Category: Opinión, Portada

En primer lugar porque la Constitución española lo ampara, en segundo lugar porque hasta el propio Tribunal Europeo de Derechos Humanos afirma que no va contra la libertad de nadie y en tercer lugar porque lo importante no es la forma con la que se toma posesión del cargo, sino que se haga acatando la ley, respetando a los ciudadanos y sobre todo que ese momento signifique un auténtico compromiso con la nación y sus ciudadanos, que es lo que todos los españoles esperamos de los político.

España es un Estado aconfesional, que no laico, por eso se permite jurar ante un Crucifijo y una Biblia. Esto se ha convertido para los laicistas en  una guerra , más interesados en la forma que el verdadero compromiso que debe primar en un momento como este.

España es un Estado aconfesional, que no laico, por eso se permite jurar ante un Crucifijo y una Biblia. Esto se ha convertido para los laicistas en una guerra , más interesados en la forma que el verdadero compromiso que debe primar en un momento como este.

VoxTempli – 021116.- Finalizado el culebrón de la elección del nuevo presidente de España, comienza ahora ese otro culebrón de la elección mayoritaria de la fórmula de juramento del cargo de presidente y ministros con la presencia del Crucifijo y la Biblia.

Un momento que es aprovechado por esos defensores del laicismo que confunden la independencia del individuo, la sociedad y del Estado respecto de cualquier confesión religiosa con la implantación de una nueva religión, la laicista, que debe imponerse sobre todos y sobre todo, haciendo precisamente todo lo contrario de lo que dicen defender.

Porque jurar el cargo público ante un Crucifijo o una Biblia es algo tan sencillo, pero al mismo de tanta relevancia para muchos millones de españoles, como afirmar o negar algo, poniendo por testigo a Dios, o en sí mismo o en sus criaturas.

Es por ello que en España, estado aconfesional que no es lo mismo que laico, permite a los cargos públicos jurar o prometer los cargos, y en el caso de elegir la primera fórmula, hacerlo ante un Crucifijo y la Biblia, porque no hay mejor testigo para un católico que Jesucristo y su palabra.

No se trata sólo de una opción personal sino también, algo que deliberadamente se intenta olvidar, de un derecho que ampara el art. 16 de la Constitución Española, que garantiza la libertad religiosa y de culto de los individuos, y establece que los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española.

Y por si había alguna duda legal, la interpretación a este tema del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, que no ve contraria a la libertad religiosa la presencia de símbolos religiosos en las instituciones públicas, como así lo manifestó en la sentencia de 25 de marzo de 1993 (caso Kokkinakis contra Grecia) que no vio problemas en que la Constitución griega declare a la Iglesia Ortodoxa como religión oficial, lo deja claro.

Jurar ante un Crucifijo y la Biblia no supone, por tanto,  ninguna coacción para los ciudadanos que profesan otras confesiones religiosas.

Pero para estos laicistas recalcitrantes, que en lo más profundo de su ser lo único que tienen en un odio extremo hacia todo lo que huela a cristiano, parece ser que lo importante no es que el acto de toma de posesión de un cargo público sea algo serio, que verdaderamente compromete a quien lo hace; para ellos es la forma y no el fondo lo que importa.

Por eso estos laicistas no tienen vergüenza alguna en alterar la fórmula legal de toma de posesión de cargo público: “juro / prometo  por mi  conciencia y honor cumplir fielmente las obligaciones del cargo… Con lealtad al Rey, guardar y hacer guardar la Constitución como norma fundamental del Estado”, y admitir como válidas otras: “como ciudadano partidario de una república para España, prometo por exigencia legal, por mi conciencia y honor…”, “como ciudadano partidario de un estado republicano desde los valores democráticos y entendiendo que tenemos solidaridad con algunas de las causas que se están manifestando en esta plaza, prometo por mi conciencia y honor…” [se refiere a los acampados del 15-M] o “como ciudadano partidario de un Estado republicano, federal, solidario y laico, prometo por exigencia legal, prometo por mi conciencia y honor..”.

Saltarse la ley a la torera, tomarse a “pitorreo” la seriedad que requiere aceptar un cargo público o hacer de un acto solemne una payasada no importa, lo importante es que nadie pueda hacerlo con un Crucifijo o una Biblia delante. Este es el grado de importancia que dan estos laicistas al hecho de adquirir una responsabilidad ante los ciudadanos, esta es la forma que entienden la política y la administración pública.

Lo importante no es que se prometa el cargo sin la presencia de Crucifijo o la Biblia, ni que se opte por jurar con ambos, lo importante es el hecho de lo que significa hacer una promesa o un juramento, sea ante quien sea, y realizado del modo que sea, vale en la medida que vale la conciencia de quien jura. ¿Qué importancia parecen dar estos laicistas al compromiso que se adquiere al ostentar un cargo público? Ninguno, lo único importante es hacer desaparecer de la vida pública el Crucifijo y la Biblia.

El sacerdote José María Gil Tamayo, miembro del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, escribió un artículo en el diario L’Osservatore Romano donde señala que la elección de la fórmula de juramente ante un Crucifijo y la Biblia por parte de un cargo público que fue muy criticado por hacerlo “fue un elocuente y valiente gesto público de manifestación de las propias convicciones religiosas, que el parlamentario no quiso esconder en el momento de ejercer su nueva misión de representación política”.

Ese gesto, dice Gil Tamayo, “interrumpe así una falsa tendencia que se está imponiendo en la vida pública europea en cuanto a la naturaleza del hecho religioso en general y en particular del católico, al que en la práctica se le concede el certificado de ciudadanía sólo en el ámbito privado, en los límites de la conciencia, en el espacio sagrado del templo o en ocasionales actos de culto externo”. Tras recordar que el catolicismo es la religión mayoritaria de Europa, el sacerdote advierte que algunos sectores minoritarios quieren imponer un “laicismo enfermo” que destierre todo acto religioso, y finalmente a Dios, de la vida pública y política.

Para estos laicistas es igual lo que se diga o se haga en la toma de posesión de cargos públicos, no importa lo que se diga, no importa que no se respete la ley, no pasa nada. Con ellos no va, las normas no tienen una finalidad. Esta es la forma de gobernar que entienden y así van los países que han caído en sus garras.

Al parecer para esta nueva “casta”, que prometas un cargo por “snoopy” no importa demasiado. Así está bien visto prometer por mi suegra, porque me obligan o por mi pokemon,  nadie se atreverá a criticarlo, el discurso es que el uso de la libertad está por encima de todo lo demás, la de su libertad, no la de los demás.

Y es que la batalla de la comunicación la tienen ganada, no porque sean mayoritarios no, sino porque son los más activos, mientras que los demás nos mantenemos aborregados. Las propias autoridades competentes permiten la toman de posesión de estos cargos públicos con bochornosas promesas en vez de impedirles el acceso al cargo si no cumplen la ley; nadie se rebela, nadie reprocha a los presuntos electos esos comportamientos, a modernos y progres no les gana nadie. ¡Así nos va!

Para ellos la ley no existe, las normas no se cumplen, nadie puede decirle nada. ¡Ellos están, nunca mejor dicho, por encima de Dios! Y que mejor forma de demostrar estar por encima de Dios que obligar a retirar sus símbolos y sustituirlos por auténticos artículos de broma, que entre otras cosas muestran una falta de respeto hacia los ciudadanos, sencillamente porque no es serio.

En vez de coartar la libertad religiosa de los políticos de elegir la fórmula de promesa o juramente más acorde con su conciencia, en vez de buscar que el hecho de la jura o promesa del cargo sea un acto que suponga seriedad y compromiso con los votantes, estos laicistas se pasan por el “forro” las normas y las formas e intentan hacer que todos les sigamos en este sin sentido.

Si verdaderamente somos un país avanzado, democrático y libre habría que pensar más en cumplir lo que se jura y se promete, la forma respetuosa de hacerlo, y menos en acabar con la libertad religiosa y de conciencia de millones de españoles.

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