Cristianos marroquíes se organizan y piden los mismos derechos en su país que sus compatriotas musulmanes en España.

jul 13th, 2017 | By | Category: Noticias Cristianas, Portada

Repudiados por sus autoridades y por sus propios vecinos, los cristianos marroquíes no sólo no pueden ser bautizados o casarse por la iglesia, sino que tampoco pueden tener un nombre cristiano. En la clandestinidad se reúnen en pisos o locales donde llevar a cabo la misa con el miedo en el cuerpo. Hartos de esta situación, se han unido en una coordinadora cuyo único objetivo es poder tener en su país los mismos derechos que las autoridades alauitas exigen a la europeas para sus súbditos musulmanes residentes en el viejo continente.

La falta de libertad religiosa en Marruecos obliga a que la comunidad cristiana marroquí se tiene que reunir en secreto, en apartamentos privados que hacen las veces de iglesias clandestinas

La falta de libertad religiosa en Marruecos obliga a que la comunidad cristiana marroquí se tiene que reunir en secreto, en apartamentos privados que hacen las veces de iglesias clandestinas

Pocos conocen la realidad de los cristianos de Marruecos, perseguidos por un estado confesional islámico viven en la clandestinidad en su propio país, y haciendo acopio de valentía se han organizado y han creado la Coordinadora Nacional de Marroquíes Cristianos.

Una delegación de esta coordinadora se reunió no hace mucho con el Secretario General del Consejo Nacional de Derechos Humanos de su país, a quien entregaron una serie de demandas para poder practicar su fe libremente y sin ocultarse en su tierra, ser reconocidos como una comunidad distinta, y por tanto tener los mismos derechos que sus compatriotas musulmanes en España, por ejemplo.

El presidente del CNDH, Dris Yazami, confirmó a Efe esa reunión: “Pidieron una cita, los recibimos y nos entregaron un documento”, pero se negó a hacer cualquier valoración sobre lo que parece un cambio de actitud ante una cuestión considerada tabú.

Hay que recordar que la legislación marroquí solo contempla para sus ciudadanos la religión musulmana o la judía (para una comunidad que apenas supera actualmente las 2.000 personas); jamás en la historia de Marruecos se han tolerado las conversiones al cristianismo, e incluso se ha juzgado y encarcelado a quienes han dado el paso de abandonar el islam y abrazar esa religión.

Para los españoles parece ridículo que en pleno siglo XXI los cristianos marroquíes tengan que pedir a su gobierno el derecho a tener un nombre cristiano, a matrimonio, a practicar su culto en iglesias y no en la clandestinidad, a escuelas no musulmanas y a ser enterrados en cementerios cristianos, por ejemplo.

Como suele ser lo corriente en este país de la doble moral, por un lazo afirma no poner impedimentos a la libertad religiosa, pero por otro impide a los cristianos profesar libremente su fe. Las autoridades afirman que van a estudiar las demandas, pero sin dar respuesta alguna.

La realidad es que la comunidad cristiana marroquí se tiene que reunir en secreto, en apartamentos privados que hacen las veces de iglesias clandestinas, motivo por el que no se sabe el número de marroquíes que profesan el cristianismo, aunque todo apunta a que son muchos miles y otros tantos que querrían dar el paso pero el miedo se lo impide.

En la mente casos como el del pastor evangélico Gilberto Orellana, que fue detenido bajo la sospecha de ser espía o misionero y que sufrió un duro interrogatorio del comisario de policía de Tetuán que, aunque guardó las formas, no hizo nada porque algunos de sus subordinados le insultaran y amenazaran. Ser misionero le valió una condena a un año de cárcel, aunque sólo pasó tres semanas en el presidio de Tetuán por las presiones internacionales.

Curiosamente el Código Penal marroquí reconoce la libertad de culto, pero su artículo 220 también prevé entre seis meses y tres años de cárcel para todo aquel que intenta quebrar la fe musulmana, es decir, para los que hacen proselitismo.

Así a los cristianos se les siguen convocando de vez en cuando a comisaría, para intentar sonsacar cosas. La peor época para los cristianos es Ramadán. Sus vecinos les miran como “bichos raros”

Los conversos no frecuentan las iglesias oficiales para extranjeros, quieren crear la suya propia, árabe o berebere, porque hacerlo pondría en apuros a párrocos y pastores extranjeros, a los que Rabat podría acusar de proselitismo.

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