¿Por qué no resurge con fuerza una nueva Orden del Temple en nuestros días?

jul 28th, 2017 | By | Category: Noticias Templarias, Portada

La principal causa, independientemente del reconocimiento oficial o no del Vaticano, de que la Orden del Temple no resurja con fuerza en nuestros días es que nadie ha sabido redefinir su papel en el siglo XXI. No hay otra forma de explicar cómo a pesar del gran interés que suscita, la enorme cantidad de asociaciones que se definen templarias y los cientos de miles de simpatizantes del Temple repartidos por el mundo; una orden como esta no vuelva a tomar fuerza en unos momentos donde la cristiandad afronta una de las mayores dificultades de su historia al ser perseguida de muerte en muchos países y afrontando la secularización laicista en Occidente.

Mientras el Temple no encuentre su hueco en nuestros días, lamentablemente no volverá a resurgir, y precisamente en unos momentos de dificultad, persecución y ataque a la iglesia y los cristianos en todos los rincones del mundo, donde una Orden del Temple sería necesaria que nunca.

Mientras el Temple no encuentre su hueco en nuestros días, lamentablemente no volverá a resurgir, y precisamente en unos momentos de dificultad, persecución y ataque a la iglesia y los cristianos en todos los rincones del mundo, donde una Orden del Temple sería necesaria que nunca.

Editorial VoxTempli – 280717.- No hay orden religiosa que más ríos de tinta haya hecho correr que la Orden del Temple. Son cientos de libros, muchos de ellos con grandes ventas y numerosas ediciones, artículos y trabajos los que avalan un inusitado interés por esta orden de monjes guerreros.

De la misma forma son cientos las asociaciones que pugnan hoy entre ellas para arrogarse ser las únicas herederas del Temple y más de 15.000 personas las que actualmente forman parte de alguna de ellas viviendo su propia fantasía templaria.

Todo ello demuestra que la Orden del Temple, a pesar de estar suspendida por la bula papal Vox in Excelso (1312), -el papa Clemente V se habría visto obligado a “suspender la Orden, aunque sin disolverla”, a causa de las fuertes presiones y el descontento mostrado por Felipe IV, y evitar así un cisma con Francia, pero también debido al descontento de otros reyes y clérigos contrarios a su desaparición- sigue siendo de interés para muchos.

Pero a pesar de ese interés que suscita, las cientos de asociaciones que afirman ser las herederas del Temple, los miles de miembros de estas y los cientos de miles de personas interesadas; la Orden del Temple sigue hoy en día sin levantar cabeza. ¿Por qué?

Son muchos los estudiosos e investigadores del neotemplarismo que hablan de que mientras no haya un reconocimiento Vaticano de la Orden, el nuevo Temple no adquirirá un vigor y una fuerza directamente proporcional al interés que suscita.

Seguramente sea cierto, aunque este hecho hoy en día es imposible que suceda mientras se mantenga esa atomización de asociaciones neotemplarias y, lo que es peor, la gran mayoría de ellas mantengan un funcionamiento, fines, objetivos, filosofía y espiritualidad que no concuerdan con los valores de la iglesia católica.

Pero son cada día más los que afirman que el principal problema para un surgimiento de una nueva Orden del Temple, fuerte y consolidada, tenga o no apoyo del Vaticano, no es posible porque ninguna de estas asociaciones ha conseguido encontrar el papel que debería desempeñar la Orden del Temple en pleno siglo XXI.

Así tenemos organizaciones neotemplarias que sin recursos humanos y materiales suficientes, en buena medida a causa de la atomización de asociaciones de este tipo, centran su actividad en recaudar dinero para obras de caridad, intentando imitar a otras organizaciones con mayor peso e infraestructura, como por ejemplo Cáritas, fracasando en el intento. Otras dirigen ahora sus objetivos a ayudar a los cristianos perseguidos por el mundo, obviando que nada pueden hacer con organizaciones como Ayuda a Iglesia necesitada, por ejemplo. E incluso alguna intenta denunciar la cristianofóbia en un vano intento por ocupar un espacio que ya realizan con mayor éxito otras asociaciones, fundaciones y ong’s. Y así estos intentos voluntariosos, pero del todo inútiles, se diluyen en el tiempo y tan sólo sirven para mantener una mínima actividad de sus miembros, desaprovechando los pocos recursos económicos y humanos de los que disponen.

Lo que demuestra que el gran problema del resurgimiento del Temple en la actualidad es que nadie es capaz de definir su papel en nuestros días. Para lo que precisamente esa “suspensión” papal no ha ayudado mucho, ya que si sus ordenes hermanas, Santo Sepulcro o Malta, han sabido encontrarlo en el sostenimiento de los Santos Lugares (especialmente el Santo Sepulcro), como es el caso de la primera, o la ayuda humanitaria internacional, como la segunda; nadie sabe lo que habría sido del Temple de no haber ocurrido los hechos históricos que llevaron a su suspensión, bien la idea papal de unión de todas las ordenes en una o su pervivencia a lo largo de los siglos, para lo que muchos investigadores apuntan, especialmente por su carácter militar, que su papel podría haber sido finalmente el de guardia papal, que hoy recae en la Guardia Suiza.

Indudablemente que existen otros problemas en el neotemplarismo actual que ayudan a que no surja una organización templaria con fuerza suficiente como para hacerse hueco en nuestros días: distintas concepciones de lo que es el Temple, diferencias ideológicas y doctrinales, gran personalismo de sus líderes o acciones más que deplorables de muchos de sus dirigentes que continuamente provocan más escisiones, rupturas y luchas internas, más división; temas que abordaremos en otros trabajos. Pero mientras el Temple no encuentre su hueco en nuestros días, lamentablemente no volverá a resurgir, y precisamente en unos momentos de dificultad, persecución y ataque a la iglesia y los cristianos en todos los rincones del mundo, donde una Orden del Temple sería necesaria que nunca. 

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