¿Por qué una Orden del Temple sería tan incómoda hoy en día?

ago 4th, 2017 | By | Category: Otras Noticias, Portada

La respuesta es sencilla, no interesa una orden católica fuerte, decidida y militante dispuesta a dar la cara para hacer frente a la persecución de los cristianos, no sólo en Oriente, sino en Occidente y los constantes ataques a la libertad religiosa y de culto. Al igual que sucedió en su momento al primer maestre del Temple, Hugo de Payns, hoy existe mucha resistencia social y eclesiástica al resurgir de una organización que como el Temple muestre un inquebrantable compromiso con la cristiandad.

Al igual que sucedió en su momento al primer maestre del Temple, Hugo de Payns, hoy existe mucha resistencia social y eclesiástica al resurgir de una organización que como el Temple muestre un inquebrantable compromiso con la cristiandad.

Al igual que sucedió en su momento al primer maestre del Temple, Hugo de Payns, hoy existe mucha resistencia social y eclesiástica al resurgir de una organización que como el Temple muestre un inquebrantable compromiso con la cristiandad.

Editorial VoxTempli – 040817.- Hace unos días planteábamos en esta misma página el por qué no surgía con fuerza en nuestros días una nueva Orden del Temple, por cierto un artículo muy compartido en redes y que fue muy comentado por nuestros lectores, siendo muchos los factores que influían, aparte del no levantamiento de la suspensión papal de 1312 por el Vaticano, como las falta de unidad de los seguidores actuales del Temple que provoca en las distintas asociaciones que se definen como templarias concepciones distintas de lo que es el Temple, diferencias ideológicas y doctrinales, el personalismo de sus líderes, pero sobre todo que mientras el Temple no encuentre su papel en nuestros días, lamentablemente no volverá a resurgir con fuerza.

Pero ahora nos planteamos otra interrogante, que razón puede ser tan importante para que el Temple no se convierta en nuestros días la otrora vanguardia del cristianismo, ¿por qué una Orden del Temple sería tan incómoda hoy en día?

Y mientras para la respuesta del nuevo resurgimiento de esta orden existían muchos factores que influían en mantenerla marginal y dividida, el por qué sería tan incómoda tiene una más fácil explicación, sencillamente no interesa una orden católica fuerte, decidida y militante dispuesta a dar la cara para hacer frente a la persecución de los cristianos, no sólo en Oriente, sino en Occidente y los constantes ataques a la libertad religiosa y de culto.

Al igual que sucedió en su momento al primer maestre del Temple, Hugo de Payens, hoy existe mucha resistencia social y eclesiástica al resurgir de una organización que como el Temple muestre un inquebrantable compromiso para proteger los Santos Lugares, los peregrinos que allí acudían, los lugares de culto y a los propios cristianos ante cualquier ataque a su libertad.

Fue San Bernardo de Claraval, doctor de la iglesia y mentor del Temple, el que acabó en su día con similares dificultades de la época redactando el Elogio de la nueva milicia, donde San Bernardo logró superar algunas de las objeciones hechas en aquellos momentos a la existencia de unos hombres que fueran al mismo tiempo monjes y guerreros. Una y otra actividades se consideraban legítimas, pero su fusión era lo que suscitaba reticencias.

¿Cómo lo logró? Creó un modelo de caballero cristiano que sintetizó las virtudes monacales y las castrenses, ofreciendo una alternativa a una caballería mundana, ofreciendo a los que querían ser templarios unos ideales que les permitieran superar las tensiones civiles y las luchas por ambición y centrarse en el problema real de los cristianos de aquella época, la lucha contra los que querían imponerles otra religión a sangre y fuego.

En aquella época la Orden del Temple contó con el mejor respaldo con el que podía contar, un personaje de la iglesia que supo como comprender una sociedad esencialmente cristiana, a una civilización que en un alto porcentaje era hija cultural y espiritual de la Cruz, convirtiéndose la Orden del Temple en la salvaguardia de todo ello, ofreciendo ilusión y objetivos comunes.

Hoy, salvando la distancia de los siglos, Occidente, como en aquel momento la vieja Europa, vive una situación similar, con una secularización desde las élites de la sociedad que le hace olvidar sus raíces y su historia, una sociedad mayoritariamente mundana y egoísta que vive única y exclusivamente para satisfacer sus caprichos más banales, totalmente dividida, sin objetivo alguno, a la deriva y por lo tanto indefensa; lo que está permitiendo a los que quieren establecer una nueva religión de estado, el ateísmo, que se basa en esos valores de la banalidad, el egoísmo y la falta de objetivos que no sean materiales, cambiar el sistema político, social y espiritual de Europa. Sin olvidar otras religiones, que como el islam, están aprovechando el momento para ocupar el hueco que va dejando el cristianismo.

Establecidos estos valores, para nosotros negativos, como principios básicos e incontestables de nuestra sociedad; una organización que ofrezca otros valores distintos, en la mayoría de las ocasiones contrarios a los establecidos, fortaleciendo el orgullo de ser parte de la civilización occidental, cuyos principios fundamentales se sustentan sobre la base del humanismo cristianismo, ofreciendo otros ideales que superen las divisiones, que aúne esfuerzos y que trabaje con decisión y con fuerza para ello, sería muy incómoda en nuestros días.

Ese nuevo europeo, sin familia, sin referencias, sin ningún tipo de anclaje, sin un paraguas que la ampare cuando llegan las crisis o las dificultades; la persona, desvinculada, queda a merced del Estado laicista. De esta manera, una vez tomado el poder, nuevos dirigentes europeos adquieren un poder omnímodo y el Estado se convierten en un nuevo dios, dueño y señor del destino de cada individuo.

Así, además de la falta de otro San Bernardo de Claraval del siglo XXI que sepa encontrar ese nuevo sentido de la vida y además saber exponerlo, son muchos, muchísimos, los sectores que no quieren ni oír hablar de que surja una organización como esta, que ponga en peligro su forma de vida ante el temor que pudiese despertar muchas conciencias y el “tinglado” se les viniera abajo.

Una nueva Orden del Temple, con los mismos principios que estableció San Bernardo de Claraval pero actualizados a los tiempos que vivimos, es incómoda, muy incómoda, y por este motivo muy pocos son los interesados en darle alas a algo que puede poner en serio peligro el establishment actual.

Incluso hay quien opina, como es el caso de un joven abogado madrileño que formó parte de dos de estas organizaciones que se dicen templarias y cuya interesante entrevista publicaremos después del descanso estival, que muchas de estas asociaciones neotemplarias se consienten y se les facilita su actividad como forma de evitar el surgimiento de esa otra Orden del Temple que verdaderamente les resultaría incómoda.

Así, como afirma este abogado, no es difícil encontrarse con situaciones como que grupos de templarios de profunda convicción católica tengan dificultades en llevar a cabo en recintos sagrados alguno de sus actos, mientras que a asociaciones neotemplarias públicamente masonas, se les autorice a celebrarlos en lugares de culto. A los primeros se les tilda de fanatismo cristiano y los segundos se les obvia, piensan que es preferible que los seguidores del Temple se distraigan con investiduras y otros boatos, que por ejemplo estar sentados las 24 horas del día junto a los vecinos de Callosa de Segura (Alicante) ayudándoles a impedir que la extrema izquierda demuela la Cruz en la puerta de la Iglesia parroquial.

 

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