Los reinos cruzados no practicaron la intolerancia de la que se les acusa.

sep 18th, 2017 | By | Category: Portada, Tierra Santa

8Es la afirmación del historiador británico Michael Haag que en su obra contradice una vez más, con datos reales, esa ficción motivada en última instancia por la cristianofobia. Él mismo hablaba recientemente al respecto en el Catholic Herald, bajo un título ya significativo: “Incluso los musulmanes florecieron en los Estados cruzados”. Haag destaca que los musulmanes eran respetados en el Reino de Jerusalén, porque los mahometanos locales y los cristianos tenían un enemigo común: los turcos. Películas como El reino de los cielos, dirigida por Ridley Scott en 2005, han contribuido en los últimos años a difundir una leyenda negra sobre los cruzados que por lo demás no es nueva. Aunque la verdad histórica sobre aquellas guerras, sus caballeros y su finalidad está académicamente asentada y es favorable, el suicidio cultural de Occidente, que llega a preferir lo musulmán ajeno e idealizado a lo cristiano propio y bien conocido, persiste en una visión deformada de la realidad.

"Los musulmanes eran respetados en el Reino de Jerusalén, porque los mahometanos locales y los cristianos tenían un enemigo común: los turcos", Michael Hagg.

“Los musulmanes eran respetados en el Reino de Jerusalén, porque los mahometanos locales y los cristianos tenían un enemigo común: los turcos”, Michael Hagg.

Carmelo López-Arias – ReL – 180917.- Haag recuerda cuál era la situación en Oriente Próximo antes de las Cruzadas. La población era abrumadoramente cristiana incluso cuatro siglos después de la invasión árabe. Esa población era continuamente acosada por el poder dominante mahometano. En 1071 los turcos habían asaltado no sólo Palestina y Siria, sino también Asia Menor, parte del Imperio Bizantino, que fue el que pidió ayuda a los cristianos de Occidente. Fue así como en 1095 el Papa Urbano II proclamó y movilizó la Cruzada, la primera respuesta global tras siglos de avances islámicos: España, sur de Francia, Sicilia, sur de Italia, saqueo de Roma en 846…

En su libro, La tragedia de los templarios: auge y caída de los Estados cruzados, Haag cuenta la historia de dicha orden de monjes guerreros, su protección a los peregrinos en Tierra Santa, su bravura al combatir y el terrible final de sus capitanes en 1314, aunque lo verdaderamente terrible fue que tras la derrota de esos Estados en 1291, la población cristiana de Oriente quedó indefensa ante un nuevo y largo periodo de opresión.

Buen trato a la población local

“Los Estados cruzados, fundados tras la toma de Jerusalén en 1099 durante la Primera Cruzada, fueron un raro periodo de seguridad y prosperidad para los cristianos en Oriente”, afirma Haag: “Durante sus dos siglos de existencia los Estados cruzados mejoraron enormemente la suerte de la población local. Los francos (como se conocía a los occidentales) se casaron con ellos y crearon una civilización característica que llegó a tener poderes locales representando intereses locales”.

Dos testimonios de la tolerancia templaria

Pero además, continúa, “eran un entorno notablemente tolerante”. Miguel el Sirio, patriarca de Antioquía en el siglo XII, dijo que “los francos nunca plantearon ninguna dificultad por razón de fe, ni intentaron alcanzar una posición de fe común entre cristianos étnica y lingüísticamente separados. Consideraban cristiano a cualquiera que venerase la Cruz, sin más preguntas”.

Tras esa atmósfera de tolerancia late la “realidad” de que los cristianos orientales se sentían más próximos a los cristianos venidos de ultramar que a los musulmanes árabes o a los turcos. Pero es que “los turcos no eran enemigos sólo para los cristianos, también para muchos musulmanes locales”.

Ben Jubayr, musulmán español, escribió en 1184 al peregrinar a La Meca, refiriéndose al trayecto entre Damasco y Acre (la gran fortaleza del Reino Cristiano de Jerusalén): “Los musulmanes tienen sus propias casas y se rigen por sus propias normas. Así están organizadas las granjas y ciudades en el territorio franco. Muchos musulmanes se sienten muy tentados a asentarse aquí cuando ven las condiciones nada confortables en las que viven sus hermanos en los distritos bajo la ley musulmana”.

El testimonio de Ben Jubayr es tanto más valioso cuanto que él mismo era contrario a los francos. En Acre descubrió que, si bien dos mezquitas se habían convertido en iglesias, los mahometanos podían usarlas como lugar de encuentro y oración mirando a La Meca. “Esto no era nada inhabitual: el embajador árabe Osama ben Munquidh había mencionado la hospitalidad que recibió de los templarios, quienes le invitaron a rezar en su capilla dentro de sus cuarteles generales en Jerusalén”.

Sin los Estados cruzados…

Cuando la fortaleza de Acre cayó en 1291, los mamelucos (tropas turcas con base en Egipto) arrasaron el país y destruyeron todo cuando pudiese ser de valor para los francos. Los cristianos huyeron a las montañas”, como en el caso de los maronitas.. La devastación de aquel territorio era evidente todavía cuatro siglos después: todas las iglesias fueron destrozadas.

Tras la caída de Acre hubo numerosas insurrecciones locales contra la ley de los mamelucos suníes (“brutal y represiva”), tanto de cristianos como de musulmanes chiítas. A diferencia del trato que habían recibido los mahometanos durante los Estados cruzados, los cristianos eran perseguidos en Palestina, Siria, Líbano o Egipto: “Entre otras cosas, se les prohibía ira a caballo o mula, se les forzaba a llevar un atuendo distintivo y no podían construir o reconstruir lugares de culto”.

Cuando los francos se fueron entre los siglos XII y XIII, los maronitas tuvieron que emigrar desde Siria hasta las montañas del norte del Líbano, donde crearon una comunidad que todavía existe.

La historia del último gran maestre templario, Jacques de Molay, su trágica muerte y el destino de la orden ocupan los últimos capítulos de la obra de Haag, una nueva victoria de la Historia sobre la ideología.

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