Valencia celebrará el 9 de octubre su reconquista definitiva a los musulmanes por Jaime I, lo que daría lugar al Reino de Valencia.

oct 5th, 2017 | By | Category: Otras Noticias, Portada

Jaime I “el Conquistador” fue un Rey clave en la Reconquista cristiana. Guerrero victorioso y cruzado invicto, fue formado en Monzón por la Orden del Temple, formación que forjó su carácter posterior. El 9 de octubre de 1237, tras duras batallas por tierra e incluso, por mar, el gran rey aragonés entró triunfante en Valencia que definitivamente quedó en poder de la cristiandad. En el año 1261 se juran los Fueros de Valencia, por lo que se convertía en un reino diferenciado frente a la corona de Aragón.

Pendón de la Reconquista de Valencia, en el Museo Histórico Municipal de Valencia, que los andalusíes de Balansiya izaron para indicar su rendición a Jaime I.

Pendón de la Reconquista de Valencia, en el Museo Histórico Municipal de Valencia, que los andalusíes de Balansiya izaron para indicar su rendición a Jaime I.

VoxTempli – 051017.- En el año 711, el rey Rodrigo es vencido en el río Guadalete y se produce el avance de los musulmanes en la península, Valencia fue sitiada. Tras varios intentos de conquista rechazados por los defensores y viendo ambos la complejidad de la situación, finalmente el gobernador de Valencia Agrescio entregó la ciudad a cambio de seguir viviendo en sus casas con sus costumbres y religión o bien marcharse de la ciudad con sus pertenencias. Más tarde, la ciudad se convertiría en el reino ‘Taifa de Balansiya’.

El 17 de junio de 1094 el Cid Campeador toma Valencia después de meses de asedio y cerco a la ciudad. Se tituló príncipe de Valencia y se instaló en la ciudad hasta su muerte el 10 de julio de 1099. En 1101 el rey Alfonso VI de Castilla ordena la evacuación de la ciudad y Valencia vuelve a manos de los almorávides restaurando el culto musulmán.

La reconquista

Se realizó entre 1232 y 1245. Hijo de Pedro II el Católico y María de Montpellier, Jaime I, vivió unos primero años de vida difíciles viviendo junto con los caballeros templarios en el castillo de Monzón. Durante los primeros 15 años de su reinado tuvo diversas luchas contra la nobleza aragonesa.

Una vez asentado en el trono y tras las reconquistas de Mallorca, Menorca, Ibiza y Formentera, en 1232 comienza una serie de reconquistas por la zona levantina que le encaminarán a la reconquista de la ciudad de Valencia. La táctica para dicha reconquista era tomar enclaves estratégicos como Morella, Peñíscola y Burriana, de donde se repartía la mayoría de los alimentos de la zona a las poblaciones de los alrededores. Así con el control de estos castillos la mayoría de ciudades que dependían de éstas se rindieron sin batalla previa debido a la falta de alimentos. Ciudades como Almenara, Museros, Bétera, Paterna o Silla fueron rendidas por los musulmanes.

Una vez que Jaime I tuvo cercada Valencia, el rey de Tunís (Túnez) mandó 12 galeras y 6 tarifas a la costa del Grau para ayudar a las tropas musulmanas en la defensa de la ciudad. Pero Jaime I se instala en un campamento entre las naves del rey de Tunís y las tropas de la ciudad. Por lo que el ejército naval no se atreve a desembarcar y las tropas de la ciudad tampoco se atreven a salir en su protección. Así que los barcos se marchan hacia Peñíscola y atacan la ciudad. Tras una dura batalla, pierden y huyen de la zona.

En uno de los enfrentamientos Jaime I se dio cuenta de que sus tropas estaban entrando en una emboscada y acudió en su ayuda acercándose tanto a la villa que un ballestero disparó una saeta y se le clavó en la frente. Afortunadamente para el rey de Aragón, la flecha no traspasó el casco y sólo le quedó una llaga durante unos días como consecuencia del ataque. La última batalla se produjo en la torre Portal de la Boatella, en la vía San Vicente. Tras la pérdida de este enclave el rey Çaén decide rendir la ciudad tras no poder recibir refuerzos, debido a la escasez de alimentos y hambruna que pasaba su ejército tras las murallas y ésta última pérdida de la torre.

Por estos motivos rinde Valencia a cambio de un salvoconducto a Cullera. Los musulmanes se llevaron todo cuanto pudieron portar en las manos.

La reconquista de los territorios continuó hasta el año 1245 llegando a obtener las ciudades de Alicante, Dénia, Cullera o Elche. Las tierras al sur de Biar – Villajoyosa fueron reservadas para la corona de Castilla, Murcia entre ellas.

Ya en el año 1261 se juran los Fueros de Valencia, por lo que se convertía en un reino diferenciado frente a la corona de Aragón.

Jaime I un Rey templario nacido para la Reconquista

Rey Jaime I (1208-1276) Rey de Aragón, Valencia, Mallorca, fue un guerrero victorioso y cruzado invicto, que ganó para la Iglesia vastas extensiones de tierra sobre el este peninsular, ganándose por ello el justo título de “Conquistador”.

La historia lo reconoce  como uno de los más grandes reyes españoles, valeroso cruzado y prudente legislador, equiparable en grandeza a Luis de Francia y Fernando III de Castilla y León.

Don Jaime I de Aragón nació en Montpellier, hoy territorio francés, el 2 de febrero de 1208. Hijo de Pedro II el Católico, rey de Aragón y de María de Montpellier, tenía apenas seis años cuando su padre murió en la batalla de Muret, contra los albigenses (1213). Entonces Jaime fue capturado y quedó prisionero de Simón de Monfort, líder de la herejía cátara.

Gracias a la intervención de su madre ante el Papa Inocencio III sería liberado por los cátaros y pasaría a la tutela de los Caballeros Templarios quienes instruyeron al muchacho para ser Rey.
Jaime pasó a residir en el castillo de Monzón, bajo la tutela de los templarios y la regencia de su tío Sancho Raimúndez, hijo de Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona. En 1218 fue declarado mayor de edad y a la muerte de su madre, al año siguiente, heredó el condado de Montpellier.

En 1228 don Jaime inició su reinado luchando contra la nobleza levantisca que, incluso, en una oportunidad, logró hacerle prisionero, pero gracias a la intervención del Arzobispo de Tortosa, firmó en el mes de marzo de 1227 la Concordia de Alcalá que le permitió fijar su mirada en territorios musulmanes.

Don Jaime I fue, por sobre todas las cosas, un guerrero, de ahí su apodo de “Conquistador”, pero además de ello fue un noble, y un cruzado y, por consiguiente, según la época un hombre de Dios.

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