Crímenes de odio, new age y el derecho a sentirse ofendido.

mar 26th, 2018 | By | Category: Opinión, Portada

Ezequiel Toti es un economista nacido en Buenos Aires, Argentina, pero también ciudadano italiano, presidente de la Delegación Argentina de Rinnovamento nella Tradizione desde 2010, miembro del Consejo Nacional desde 2013 y Vicario de la Presidencia Federal desde 2017.

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Ezequiel Toti es un economista nacido en Buenos Aires, Argentina, pero también ciudadano italiano, presidente de la Delegación Argentina de Rinnovamento nella Tradizione desde 2010, miembro del Consejo Nacional desde 2013 y Vicario de la Presidencia Federal desde 2017.

Por Ezequiel Toti – 260318.- Con la noticia en estos días de la absurda pretensión del INADI (Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo) de Argentina de prohibir el Juramento a la Bandera en los colegios argentinos por incitar al ‘’odio hacia otras culturas’’ o de la prohibición por parte de colegios holandeses de la Semana Santa para no ofender a los musulmanes, vemos cada día más limitada nuestra libertad y nuestros puntos de referencia ante la homogeneización cultural que impera en el mundo.

¿Quién puede sentirse ofendido por jurar a la Bandera que simboliza la unión de los ciudadanos y es la identidad común de todos los nacidos en ese suelo sin importar sexo, edad y religión?

La cruda realidad es que no son pocos los casos.

La generación millenial es responsable de los términos ‘’hate crime’’ (crimen de odio) y ‘’safe space’’ (espacio seguro), ambos conceptos que de un modo totalmente subjetivo consideran como ataque cualquier opinión que afecte los propios sentimientos, esto desde luego en detrimento de la libertad de expresión del otro.

¿Cómo llegamos a este culto a la emoción individual?

La New Age es un fenómeno difícil de encuadrar hasta para los sociólogos más experimentados dado que no se basa tanto en una visión del mundo como en una ‘’sensación’’.

Influenciada por el 1968 de Hair y la revuelta estudiantil de 1968, y basada en la teoría astrológica de los equinoccios₁, tiene como factor de unión un estado de ánimo que oficia de red entre sus adeptos, quienes están convencidos del arribo inevitable de una era de felicidad y fraternidad.

Esta era de eterno progreso, de hermandad entre los hombres (aunque sin paternidad) y hasta de armonía con el planeta, no pasa de moda porque tiene como base solo la propia experiencia. De este modo es igualmente valido el dios panteísta, el dios energía, Jesús, Buda, Krishna y hasta los extraterrestres.

La New Age pertenece a la generación progenitora de los millenials, es decir de esos padres que han construido sus hogares en el relativismo mas retorcido y esquizofrenizante, donde pueden convivir como en un tenedor libre el culto mesiánico al Che, las técnicas de meditación oriental y el endiosamiento de la Ecología a través de la Madre Tierra, en este último caso por cierto oficiando de tontos útiles a las políticas de la plutocracia mundialista

No por nada a quienes marchan por el ‘’derecho a abortar’’, la diversidad de género y las consignas del feminismo radicalizado, difícilmente los veamos protestar por los jubilados, las leyes de adopción, los muertos en accidentes por falta de obras o siquiera por la mutilación genital femenina en algunas zonas de África. Pero si los vamos a ver en gran número meditando en el Cerro Uritorco y hasta en grupos de ‘’sanación galáctica’’ que ven en el infortunado Santiago Maldonado un ‘’maestro ascendido’’.

No es casual que estas pobres almas en constante lucha por su paz interior defiendan ideologías y no hechos concretos, que quieran cambiar el mundo pero no visitar a la abuela enferma como diría un amigo, y en especial que su modo de cambiar el mundo sea siempre atacar la Catedral y el Cabildo.

Porque por diferentes que sean sus teorías pseudoreligiosas y políticas tienen un punto en común: un rechazo manifiesto por el concepto de Dios Revelado y de una Patria definida. Ambos les recuerdan constantemente que la vida es más que teorizar y ser activista, que una Nación se construye con sacrificio y que el mismo amor no es mera emocionalidad sino que requiere sacrificio, que Cristo no vino a dar un mero mensaje o ‘’buenas ondas’’ sino que se ofreció en sacrificio por nosotros, por ellos inclusive.

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