La Vigencia de la Regla del Temple en la actualidad (I): El compromiso centenario del Temple en la observancia del oficio divino referente actual para muchos católicos.

oct 5th, 2018 | By | Category: Noticias Templarias, Portada

El incuestionable compromiso de los templarios con su fe hace novecientos años, hace que hoy en día muchos católicos busquen en ese “espíritu templario” un referente para no perderse en el confusionismo de nuestros días. Así una lectura de la Regla del Temple nos muestra que muchos de sus artículos, que obedecían a la realidad de ese momento, siguen teniendo vigencia en la actualidad, y los referentes al modo de entender lo que es un oficio divino son prueba de ello.

De Laude Novae Militiae ad Milites Templi evidencia, no sólo el ideal que inspiraba a los miembros de esta Orden, sino su forma de ser: personas de profunda fe, vigorosos y valientes combatientes, disciplinados soldados en la batalla y humildes monjes en el convento, con una vida verdaderamente ascética.

De Laude Novae Militiae ad Milites Templi evidencia, no sólo el ideal que inspiraba a los miembros de esta Orden, sino su forma de ser: personas de profunda fe, vigorosos y valientes combatientes, disciplinados soldados en la batalla y humildes monjes en el convento, con una vida verdaderamente ascética.

Ya lo decíamos en la anterior publicación, guste o no, cada vez son más las personas que miran hacia el Temple como referente en los momentos convulsos en que vivimos.

¿Pero por qué en pleno Siglo XXI miles de personas se sienten atraídas por una Orden de caballería suprimida por el Papa?

Sin duda la respuesta la empezamos a atisbar tras la lectura de la De Laude Novae Militiae ad Milites Templi que el mentor del Temple, San Bernardo de Claraval, escribió en aquel momento en apoyo de una naciente orden de caballería que conjugaba la vida monástica con la militar.

De Laude Novae Militiae ad Milites Templi evidencia, no sólo el ideal que inspiraba a los miembros de esta Orden, sino su forma de ser: personas de profunda fe, vigorosos y valientes combatientes, disciplinados soldados en la batalla y humildes monjes en el convento, con una vida verdaderamente ascética.

Nos encontramos así con un grupo de cristianos, los caballeros templarios, que hace novecientos años mostraban su firme compromiso con su fe, sin complejos, sin dudas, sin titubeos; pero que también estaban dispuestos a defenderla de sus enemigos, incluso ofreciendo el máximo sacrificio que una persona puede hacer, su vida.

Es con seguridad ese compromiso real y sin complejos uno de los principales atractivos del, llamémosle “espíritu templario”, que muchos católicos buscan en la actualidad y, que al no encontrar en otros sitios, le hacen sentirse atraídos cuando topan con la Orden del Temple.

Como dijimos en otro artículo, aprovechando el año en el que se conmemora el CM aniversario de la creación de la Orden del Temple, vamos a buscar las posibles similitudes de la Regla templaria con los acontecimientos que vivimos los católicos novecientos años después y podemos comenzar con los siete primeros artículos de la misma, la actitud de los templarios ante el oficio religioso.

Dice su artículo I, de cómo se ha de oír el oficio divino, que: “Vosotros, que renunciasteis a vuestras voluntades para servir al Rey Soberano con caballos y armas, por la salvación de vuestras almas, procurareis siempre, con piadoso y puro afecto, oír los maitines y todo el oficio según las observancias canónicas y las costumbres de los doctos regulares de la Santa Ciudad de Jerusalén. Por eso, venerables hermanos, Dios está con vosotros, porque habiendo despreciado al mundo y a los tormentos de vuestro cuerpo prometisteis tener, por amor a Dios, en poca estima al mundo; así, saciados con el divino manjar, instruidos y firmes en los preceptos del Señor, después de haber consumado y concluido el misterio divino, ninguno tema la muerte. Estad prestos a vencer para llevar la divina corona”.

Y así, dando un salto de novecientos años, llegamos a la actualidad, donde no son pocos los católicos avergonzados por la deriva a la que han llegado muchos oficios religiosos, convirtiéndose en algunos casos en meros espectáculos musicales de distracción y divertimento, sin ningún sentido religioso y falto del contenido que aparece en las Sagradas Escrituras.

El propio Papa Francisco, al que sectores más tradicionalistas de la Iglesia culpan de una deriva y confusión en la Iglesia Católica, decía en una de sus homilías que: “Por desgracia, para muchos la Misa del domingo ha perdido sentido, piensan que basta ser buenos y amar. Esto es necesario, pero no es posible sin la ayuda del Señor, sin obtener de Él la fuerza para conseguirlo”. Insistía el Papa en esta homilía que se debe ir a Misa el domingo “para encontrar al Señor”, “para dejarnos encontrar por Él, escuchar su Palabra y alimentarnos del pan de vida, en comunión con toda la Iglesia”.

¿Se trata de un toque de atención del máximo responsable de la Iglesia Católica ante el espectáculo que algunos sacerdotes están convirtiendo la Misa? Nosotros creemos que sí, aunque pueda haber opiniones en todos los sentidos.

Pero lo cierto es que muchos católicos muestras asombro, y también indignación, por las misas-espectáculo, que seguro pueden servir para llenar los templos sí, pero se apartan del verdadero sentido cristiano de la Misa del domingo.

Vemos pues que, a pesar de la diferencia cultural, histórica y de mentalidad de una época y otra, los artículos de la Regla del Temple muestran bastante similitud con hechos, problemas, preocupaciones y actitudes que vivimos en nuestros días.

En aquella época la Regla trataba de luchar contra esa otra caballería secular, frívola, más pendiente de las riquezas y el placer personal que en lo que supone la fe cristiana, la que acudía a los oficios religiosos por costumbre, convirtiéndoles en un acto social más desprovisto de cualquier otro sentido; curiosamente lo que también está ocurriendo en nuestros días.

Así el fervor religioso templario se convierte en un referente para muchos católicos que, alarmados por distanciamiento de las raíces de la fe católica que nos mostró Jesucristo, buscan un mayor compromiso con los valores católicos de la Iglesia, que les permita afrontar con convicción, unidad y entereza los tiempos convulsos que vivimos.

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