890 aniversario del reconocimiento de la Orden del Temple por la Iglesia: Un 13 de enero de 1129 en Troyes.

ene 14th, 2019 | By | Category: Historia, Portada

La orden del Temple surgió a principios del siglo XII en Jerusalén, a partir de un grupo de caballeros que se declararon donados o servidores del Santo Sepulcro y se dieron como misión defender los Santos Lugares frente a los musulmanes. Dotada de una regla monástica y tutelada directamente por la Santa Sede, la Orden tenía un doble carácter, religioso y militar, rasgo que puede chocar a nuestra mentalidad del S. XXI, pero que resultaba ampliamente aceptado en el contexto de la Edad Media y del periodo de las Cruzadas. Pese a ello, no fue fácil, en el momento del nacimiento de la nueva orden, realizar la fusión entre el caballero y el religioso. La Iglesia cristiana, que en sus orígenes era esencialmente pacifista, tuvo que modificar su ideología sobre la guerra hasta llegar a una concepción nueva, cuyo modelo fue el Temple. 

De Laude Novae Militiae ad Milites Templi evidencia, no sólo el ideal que inspiraba a los miembros de esta Orden, sino su forma de ser: personas de profunda fe, vigorosos y valientes combatientes, disciplinados soldados en la batalla y humildes monjes en el convento, con una vida verdaderamente ascética.

De Laude Novae Militiae ad Milites Templi evidencia, no sólo el ideal que inspiraba a los miembros de esta Orden, sino su forma de ser: personas de profunda fe, vigorosos y valientes combatientes, disciplinados soldados en la batalla y humildes monjes en el convento, con una vida verdaderamente ascética.

VoxTempli – 130119.- El Concilio de Troyes fue un concilio de la Iglesia católica, que se convocó en la ciudad francesa de Troyes el 13 de enero de 1129,1 con el principal objeto de reconocer oficialmente a la Orden del Temple.

En el otoño de 1127, curiosamente hoy mismo hace 890 años de ello, Hugo de Payens pretendió que fuera reconocida la orden que había fundado, la cual atravesaba una crisis de crecimiento, deseando favorecer su extensión en el Occidente cristiano.

Partió para Roma con cinco compañeros (entre ellos Godofredo de Saint-Omer) a fin de solicitar del papa Honorio II un reconocimiento oficial. El Papa aceptó convocar un concilio en Troyes que debatiera el asunto.

En dicho concilio estuvieron presentes: el cardenal Mateo de Albano (representante del Papa); el arzobispo de Reims y el de Sens; diez obispos; ocho abades cistercienses de las abadías de Vézelay, Cîteaux, Clairvaux (que en este caso no era otro sino San Bernardo), Pontigny, Troisfontaines y Molesmes; y algunos laicos entre los que destacan Teobaldo II de Champaña, el conde de Campaña, André de Baudemont, el senescal de Champaña, el conde de Nevers y un cruzado de 1095.

Hugo de Payens relató en este concilio los humildes comienzos de su obra, que en ese momento sólo contaba con nueve caballeros, y puso de manifiesto la urgente necesidad de crear una milicia capaz de proteger a los cruzados y, sobre todo, a los peregrinos a Tierra Santa, y solicitó que el concilio deliberara sobre la constitución que habría que dar a dicha Orden.

Se encargó a San Bernardo, abad de Claraval, y a un clérigo llamado Jean Michel la redacción de una regla durante la sesión, que fue leída y aprobada por los miembros del concilio.

A instancias de Hugo de Payens, san Bernardo, abad del Císter, escribió entre 1126 y 1129 el Elogio de la nueva caballería, su apoyo procuró a la Orden un precioso reconocimiento en el seno de la misma gracias al prestigio de su valedor.

Esta Regla compendiaba la nueva religiosidad encarnada por los templarios: “Nos dirigimos en primer lugar a todos los que desprecian secretamente su propia voluntad y desean con un corazón puro servir al Rey Soberano en calidad de caballeros, y con firme diligencia desean llevar, y llevar permanentemente, la nobilísima armadura de la obediencia”, se lee en su prólogo.

La regla del Temple es, pues, una regla cisterciense, que contiene grandes analogías con la regla de Cîteaux; no podía ser de otra forma, ya que su inspirador había sido San Bernardo.

La Orden del Temple fue creada y dotada de la regla del «monje soldado»: sencillez, pobreza, castidad y oración. La Orden tuvo varios nombres: la «Milicia de los Pobres Caballeros de Cristo», los «Caballeros de la Ciudad Santa», los «Caballeros del Templo de Salomón de Jerusalén», la «Santa Milicia jerosolimitana del Templo de Salomón». Con el tiempo el nombre más común fue el de «Templarios».

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