Somos las mujeres que el feminismo no quiere defender.

feb 8th, 2019 | By | Category: Opinión, Portada

Somos mujeres. Mujeres jóvenes y no tanto. Mujeres famosas y anónimas. Mujeres del primario, secundario, de la universidad, posgrados. Mujeres a las que pseudo intelectuales como Florencia Etcheves critican por haber estudiado en universidades confesionales. En fin, mujeres normales, de esas que nos levantamos temprano todos los días, viajamos horas a nuestros trabajos, salimos y vamos a la facultad, y que nadie nos regaló nada.

“Mujeres de Blanco” que protestan contra el aborto.

“Mujeres de Blanco” que protestan contra el aborto.

Mujeres que no nos dejamos cooptar por una ideología momentánea. Mujeres que leemos y estudiamos para poder justificar aquello que decimos. Mujeres de fe y ateas, pero defensoras de la verdad. Mujeres que recibimos a diario mensajes de personas con pañuelos verdes, naranjas y violetas, deseándonos la muerte o que nos violen, que violen a nuestras hijas, o que ojalá nuestras parejas nos peguen. Somos mujeres que el próximo día de la mujer no podremos ir a la famosa marcha del 8 de marzo, porque la hicieron política y porque corremos riesgo de ser golpeadas, maltratadas, insultadas por parte de mujeres que se autodefine como “sororas”.

Somos mujeres que somos tildadas de anti derechos por seres como Malena Pichot, por el simple hecho de defender la vida, ese derecho que ella misma tiene y que le permite decir las barbaridades que dice. Mujeres que somos atacadas por tener “belleza hegemónica” (por utilizar un término que la anteriormente mencionada feminista nos adjudica) y que por eso debemos afearnos, torturar a los demás con imágenes desnudas, descuidadas de mujeres que tienen tal complejo de inferioridad que creen que eso las hace ser alguien, o que lograrán algo maltratando su propio cuerpo y mostrándolo desnudo a los demás.

Somos mujeres que sabemos que de la unión de dos personas sale otra persona, y que un bebé no se transforma en tal después de una cantidad “x” de tiempo, ni de un mero deseo, sino que cada persona lo es desde el momento mismo de su concepción, y que la vida de cada uno es valiosa y digna, independientemente de las circunstancias de su concepción.

Somos mujeres que defendemos la familia natural, que es la única base de la sociedad, ya que las personas nacemos de la unión de un óvulo y un espermatozoide (mujer y hombre) y que no hay “chicos que menstrúan” ni mujeres con pene. Somos mujeres que entendemos que la autopercepción no te da más derechos, porque todos somos iguales ante la ley. Somos mujeres que tenemos enfermedades y que las obras sociales nos hacen pagar (como corresponde) por nuestros tratamientos, y que vemos con mucha bronca y dolor que un hombre (mujer) disfrazado de mujer(hombre) tenga hormonas e implantes gratis, mientras que muchas nos morimos por no poder pagar nuestros medicamentos.

Somos mujeres que no queremos perder la libertad de culto y la posibilidad (y obligación) de educar a nuestros hijos en base a nuestras creencias y nuestra cosmovisión, y que queremos una educación sexual sin ideología de género, es decir, con base biológica y no sentimental. Porque, aunque una persona se “sienta” del sexo opuesto, eso no lo hace algo verdadero. Un hombre disfrazado de mujer no deja de ser un hombre que debe realizarse el análisis de próstata, ya que a la biología no le importan los sentimientos; y una mujer disfrazada de hombre continuará teniendo el período mes a mes, y debe atenderse con un ginecólogo. Se nace hombre o mujer. Lo demás no existe.

Somos mujeres silenciadas por los medios, denigradas por el movimiento inquisidor del siglo XXI disfrazado de mujeres “empoderadas” (término inventado para justificar cualquier aberración que las feministas quieran). Somos mujeres a las que diputadas electas democráticamente nos silencian, como Victoria Donda, que a su vez convive con un pedófilo y vota en contra de la prisión efectiva para violadores. 

Somos mujeres que defendemos el derecho, que sabemos distinguir entre un protocolo, un fallo y una ley, que respetamos y exigimos la presunción de inocencia, que no necesitamos un cupo para lograr ser reconocidas.

Somos mujeres que leemos, nos formamos y que no tenemos como intelectual a Julia Mengolini o a Ofelia Fernández, sino a autores serios que estudiaron, comprobaron y refutaron hipótesis, y que saben más que nosotras. Mujeres que no nos basamos en un sentimiento.

Mujeres que amamos y respetamos a nuestros maridos, hijos, padres, hermanos, abuelos.

Somos las que frenamos el genocidio en el congreso el pasado 8 de agosto y que lo vamos a volver a frenar las veces que sea necesario.

Somos las mujeres que el feminismo odia, silencia y denigra. Mujeres a las que prefieren muertas, como hicieron con Esperanza en Jujuy, muerte de la cual se alegraron todas las que después utilizan políticamente el asesinato de las que les conviene a ellas.

Somos las mujeres a las que el feminismo no quiere defender.

Por Carla Alegre
Licenciada en Ciencias Políticas de la Universidad Católica Argentina.

Comparte este artículo:

Los comentarios están cerrados.