La tercera mejilla.

may 1st, 2019 | By | Category: Noticias Cristianas, Portada

Los atentados en Sri Lanka de 2019 fueron una serie de ataques con explosivos en tres templos cristianos y cinco hoteles de lujo en varias ciudades de ese país asiático el 21 de abril de 2019 durante el domingo de Pascua, los cuales dejaron más de 300 personas fallecidas y 500 heridas.

Los atentados en Sri Lanka de 2019 fueron una serie de ataques con explosivos en tres templos cristianos y cinco hoteles de lujo en varias ciudades de ese país asiático el 21 de abril de 2019 durante el domingo de Pascua, los cuales dejaron más de 300 personas fallecidas y 500 heridas.

Los atentados en Sri Lanka de 2019 fueron una serie de ataques con explosivos en tres templos cristianos y cinco hoteles de lujo en varias ciudades de ese país asiático el 21 de abril de 2019 durante el domingo de Pascua, los cuales dejaron más de 300 personas fallecidas y 500 heridas.

Rafael García Sanz – 010519.-  En Lunes de Pascua, hace ya una semana que pensaba escribir un artículo sobre el incendio de la Catedral de Notre Dame. En estas fechas tan señaladas en las que la familia, los amigos, las idas y las venidas hacen que sea imposible planificar mínimamente las cosas que uno tiene que hacer; terminé no escribiéndolo.

Pero en la madrugada del sábado al domingo ocurrió otro hecho peor todavía que ha eclipsado al del párrafo anterior. Se trata de la cadena de atentados de Sri Lanka que, según las últimas noticias, ha dejado casi trescientos muertos. Justo han aprovechado el día de mayor alegría del cristianismo: día en el que se celebra la Resurrección del Señor, para sembrar de muerte, sangre y odio a un grupo de gentes cuyo único delito había sido ir a Misa y, en el caso de los turistas, dejar dinero y crear empleo.

Se tendrían que escribir miles de artículos para nombrar y enumerar todas las masacres contra cristianos en los últimos tiempos. No es ese el objeto de este artículo pero aparte del de Sri Lanka, destacan los de Filipinas, Egipto, Indonesia y el genocidio que se lleva años perpetrando en Nigeria, donde entre los Fulani y Boko Haran están llevando a cabo una limpieza étnica para erradicar todo atisbo de cristianismo. Por no hablar de la prohibición total sufrida en Corea del Norte y desgraciadamente un larguísimo etcétera.

Estas salvajes violaciones de derechos humanos quedan agravadas por el silencio cómplice de muchos líderes occidentales a los que parece que las muertes de cristianos les importan un comino y a los que la dictadura de lo políticamente correcto les impide condenar ciertos crímenes especialmente cuando son ciertas víctimas y ciertos autores. Todas las unánimes condenas de islamofobia que se sucedieron con el atentado de Nueva Zelanda han brillado por su ausencia para condenar la cristianofobia de los genocidios, los atentados y las violaciones sistemáticas de derechos humanos hacia cristianos por el hecho de serlo que día a día se producen en todo el mundo. Los datos afirman que 1 de cada 8 cristianos del mundo están perseguidos y que de cada 4 persecuciones religiosas, 3 de ellas les suceden solo a cristianos.

Cuando se descubrieron los horrores del Holocausto judío en la Alemania Nazi, toda la humanidad (comunistas incluidos) se unieron a condenar firmemente los hechos. Según Oxford University Press, a lo largo del siglo XX fueron martirizados 45 millones de cristianos. Echo de menos por parte de los medios de comunicación y, especialmente, por los de ideología progresista; una condena a la cristianofobia al menos igual de fuerte que las que emiten contra el antisemitismo y la islamofobia. Y como cristiano, lo que más me revienta decir, es que cuando a nuestro Papa Francisco le preguntan por las guerras olvidadas; él responde con los rohinyas y no con los nigerianos. Es lo perfecto para hacernos sentir a los cristianos huérfanos de padre.

Huelga decir que todo lo anterior denuncia las persecuciones más graves, es decir aquellas que terminan en muertos y heridos. Hay otras más como la prohibición de conversión, la prohibición de proselitismo e incluso persecuciones dentro de la familia; que no se han nombrado. Cabe destacar, los ataques a la facultad de la Complutense y la oleada de iglesias quemadas que está habiendo en Francia o la generalizada secularización forzosa sufrida en Europa y en Occidente. Eso, aunque de forma menos cruenta y más democrática, también son persecuciones.

Para analizar objetivamente el problema, hay que recurrir a las estadísticas. Estas nos señalan que no hay ninguna distinción especial entre los tipos de perseguidos. Dentro de la variabilidad de cristianos (católicos, protestantes y ortodoxos) no hay apenas diferencias, todos son perseguidos por igual. Sin embargo, sí se observa un denominador común entre los perseguidores y es que el 80% de los perseguidores son musulmanes radicales. Luego nos preguntamos extrañados que por qué en Europa crecen la islamofobia y la ultraderecha. Es como preguntarle a un señor a cuyo vecino han robado que por qué pone alarmas. Todos recordamos el horror impuesto por el Estado Islámico y tenemos en mente aquel video en el que los cristianos eran decapitados en una playa. También habría que recordar que Afganistán e Irán eran países casi democráticos y que todo el Norte de África era casi occidental. Es curioso ver como los países van perdiendo derechos y libertades a medida que se van islamizando. La tolerancia en Francia ya ha costado 200 muertos, entre París y Niza.

¿Qué debemos hacer los cristianos ante esto? Según nos manda el Evangelio, poner la otra mejilla. Si hacemos una interpretación literal de este pasaje se deduce que debemos callarnos, jodernos y permitir todas las atrocidades sufridas. También se nos dice que hay que amar a los enemigos y perdonarlos “porque si solo amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis?”. Por supuesto que los cristianos estamos dispuestos a perdonar todas las afrentas recibidas, sea cual sea. Cristo murió por los pecados de toda la humanidad y, haciendo examen de conciencia, cabe decir eso de que “quien no tenga pecado, que tire la primera piedra”. También, haciendo examen colectivo, los cristianos tenemos mucho de lo que pedir perdón (Juan Pablo II ya lo pidió) por los excesos eclesiásticos de las Edades Media y Moderna y, más recientemente, por los escándalos de pederastia en la Iglesia, concretamente, en la de Chile. Entiendo que todos esos sucesos (ojo, los que están judicialmente probados, que aquí hay mucha noticia falsa) son una máquina de fabricar ateos. En esos casos, como cristiano que soy; he de reconocer que nos merecemos esa cristianofobia.

Como tras 1.945 comprendimos que no tenía ningún sentido seguir matándonos a tiros y como también entendimos que era perjudicial para el conjunto de la humanidad seguir matándonos por causa religiosa, la Declaración Universal de Derechos Humanos estableció en su artículo 18 que “Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia”.

Quiere esto decir que todos los seres humanos, cristianos incluidos, tenemos derecho FUNDAMENTAL a practicar nuestra religión sin ningún tipo de impedimento, salvo cuestiones de orden público lógicas a cualquier sentido común. Por tanto tenemos derecho a exigir que se respeten nuestros derechos. Una interpretación sectaria del “poner la otra mejilla” nos llevaría a que no hay que quejarse de nada de lo que nos hagan, a no denunciar ningún delito que se cometa contra nosotros y a no defendernos cuando seamos atacados. A eso yo digo que rotundamente no; una cosa es que abras siempre la posibilidad de perdonar y otra que te alegres cuando te ataquen. ¿Estaríamos dispuestos a perdonar la violación de nuestra hija o el asesinato de nuestro hijo? En teoría deberíamos perdonar porque nuestro rencor no se eliminaría hasta no efectuar ese perdón pero nadie quiere que violen o asesinen a nuestros descendientes. ¿Compartirían un trozo de pan si tuvieras hambre? Claro que sí pero, antes de eso, prefiero que haya pan para todos. Quiero concluir este párrafo diciendo que exigir tus derechos como ciudadano no te resta méritos como cristiano. Si tú reclamas un derecho laboral y lo ganas, Dios no te lo va a descontar de purgatorio.

Quiero creer que, a pesar de todos los agravios recibidos, es posible una convivencia pacífica entre cristianos, judíos, comunistas y musulmanes. En España se ha conseguido más o menos aunque el Papa diga que no viene España porque no hay paz. Si damos por hecho que esto va a ser un valle de lágrimas, no está de más intentar que haya el menor número de lágrimas posible. Sueño con un mundo sin persecuciones religiosas y en el que haya un mínimo de paz (o ausencia de guerra y de terrorismo) para todos.

Es necesario que los cristianos de Europa no cedamos en la exigencia de nuestros legítimos derechos. Vivimos en una tierra en la que todavía hay libertad y en la que no parece probable que ocurra lo de Sri Lanka, Egipto, Filipinas y, ni mucho menos lo de Nigeria; pero para no perder esas libertades hay que recordar las raíces antropológicas y culturales que no son otras que el Cristianismo. Los cristianos tenemos que recordar que hay que exigir todos nuestros derechos para que no se pierdan. O si no, cuando ya no nos queden más mejillas que ofrecer, habrá que recurrir a la ultraderecha como último recurso y eso ya se demostró, tras 1.945 y 1.975, que no funciona.

 

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